Sobre mí

VicenteSilvestreMarcoMi nombre es Vicente Silvestre Marco y sí, soy el culpable de este blog. Puesto que estás leyendo este apartado supongo que tienes curiosidad por saber un poco más acerca de quién soy.

Durante mi vida he dado bastantes tumbos por aquí y por allá y mientras la función continúe seguiré dando unos cuantos más. Por darte algunas pinceladas de mi historia profesional te contaré que he sido monitor de yoga, me he formado como Integrador social, estoy titulado como Maestro en educación primaria y, también, soy padre (lo más importante para el final).

Sin embargo, cuando miro hacia atrás siempre descubro un elemento en común que me ha acompañado durante la mayor parte de mi vida, que es, al mismo tiempo, una pasión y un placer. Estoy hablando, por supuesto, de la literatura. Y siendo más concreto: la literatura de terror y fantasía. Este blog está dedicado por y para dicha pasión.

Cuando tenía ocho años mi abuela me engañó (siempre le estaré agradecido por aquella artimaña) para que me leyera El Hobbit. No recuerdo cuanto tiempo tardé en terminar de leerlo. Lo que sí recuerdo es que aquel primer contacto con la lectura (como actividad placentera y no como una obligación escolar) despertó un apetito en mí que jamás he podido saciar.

Después llegó El señor de los anillos y creía que el mundo de la literatura empezaba y acababa en la Tierra Media. Sin embargo, me equivocaba; vinieron otros libros, muchos otros. La trilogía de El señor del Tiempo, de Loise Cooper, las aventuras y desventuras de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock, y mi primer contacto con el terror llevado de la mano por Lovecraft. Sin embargo, no fue hasta los once años de edad cuando realmente comprendí lo que significaba sumergirme en una historia de terror.

Conocí a una chica con poderes telekinéticos en Carrie, la primera novela publicada por Stephen King, el genio del terror, y la lectura adquirió una nueva dimensión para mí. Aunque él no me conoce lo tengo por un buen amigo ya que me ha proporcionado innumerables horas de disfrute con sus historias (no voy a decir que soy su fan número uno; quién haya leído Misery ya sabe cómo terminaría el asunto). Otro buen amigo, que tampoco me conoce, pero al que he leído a conciencia, es Clive Barker. Basta decir que desde entonces duermo con un ojo abierto. Solo por si acaso.

Mi afición por la escritura no nació hasta los veinticinco años. Dando pasitos torpes, tropezando, cayendo… comencé mis primeros escritos en ese maravilloso, extraño y mágico proceso, que es la creación literaria. Desde entonces he seguido escribiendo de una forma un tanto irregular, retomándolo cuándo tenía tiempo y dejando que el ansia me consumiera en aquellos huecos intermedios. De un tiempo a esta parte mis escritos han empezado a adquirir cierto sentido y, a veces, hasta son interesantes.

En 2012, durante el primer año de carrera universitaria, logré el Premio de la Universidad de Valencia de Escritura de Creación con el relato El laberinto de Ockham. Más tarde, en 2015, publicaron el relato La nueva, vieja pirámide en la Antología Calabazas en el Trastero: Máscaras, de la editorial Saco de huesos.

En la actualidad me considero un adicto a la escritura. Puedo estar un par de días sin ponerme al teclado, pero en ese lapso de tiempo mi mente siempre anda perdida, febril, dándole vueltas a una historia que busca anidar en mi portátil. Sólo cuando la dejo escapar me quedo tranquilo, respiro hondo y puedo volver a ser persona.